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Aunque usted no lo crea

En 1918, un hombre llamado Ripley creó una franquicia con ese nombre, «Aunque usted no lo crea». La premisa era simple: en este mundo, hay muchas cosas que nos cuesta creer, ya sea porque son extraordinarias, inusuales o simplemente porque desafían lo que consideramos «normal». Por ejemplo, ¿sabían que el animal más ruidoso del mundo es un camarón pistola que puede crear una explosión sónica de 230 decibeles? A veces, lo que consideramos inaudito puede ser una realidad.

La incredulidad es algo común en nuestra vida cotidiana. Nos cuesta creer en muchas cosas, ya sea en la palabra de Dios, en la honestidad de las personas o en la posibilidad de un cambio real. Sin embargo, quiero recordarles que nuestra incredulidad no cambia la verdad de la Palabra de Dios. La decisión de creer no altera la realidad que Dios ha establecido. Algunas personas pueden decir que no creen en Dios, pero eso no afecta a Dios; más bien, nos afecta a nosotros. La incredulidad en Dios y Su Palabra nos priva de las bendiciones y la paz que solo Él puede dar.

Tomemos como ejemplo el matrimonio. Algunos han perdido la fe en el matrimonio debido a las dificultades y los fracasos que han presenciado. Pero negarse a creer en la institución del matrimonio no cambia el hecho de que Dios lo diseñó y que, cuando se basa en Su voluntad, puede ser una fuente de amor y bendición. Creer en el matrimonio como un diseño divino hace una gran diferencia en cómo vivimos nuestras vidas matrimoniales.

Ahora, quiero compartir tres verdades fundamentales para aquellos que creen. Primero, recordemos que «al que cree, todo le es posible». Esta declaración nos anima a superar la incredulidad y confiar en que Dios puede hacer lo que parece imposible para nosotros. No dejemos que nuestras dudas nos impidan experimentar el poder de Dios en nuestras vidas.

Segunda verdad: «El que cree en Jesucristo, aunque esté muerto, vivirá». Esta promesa nos asegura que la muerte no tiene poder sobre aquellos que han confiado en Jesús como su Salvador. La vida eterna es un regalo que Dios nos ofrece, y la muerte no es el final para quienes creen en Él. Debemos aferrarnos a esta esperanza y vivir con la certeza de la vida eterna en Cristo.

La tercera verdad es una promesa maravillosa: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa». Esta declaración nos recuerda que nuestra fe puede impactar a nuestra familia y ser un testimonio poderoso. No solo somos llamados a creer, sino también a compartir nuestra fe y ver cómo Dios obra en la vida de aquellos que amamos.

Hermanos y hermanas, no permitamos que la incredulidad nos detenga. En lugar de eso, confiemos en Dios con todo nuestro corazón y vivamos vidas que reflejen nuestra fe en Él. Como vimos en la historia de Pablo y Silas, la adoración en medio de las pruebas puede traer libertad y transformación. Sigamos creyendo, confiando y proclamando la verdad de Dios en nuestras vidas y en nuestras familias. El Señor tiene planes perfectos para cada uno de nosotros y para nuestras casas. Aceptemos el desafío de creer en Él y veremos Su gloria manifestada en nuestras vidas.

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